Las realidades implícitas de la física moderna
La Crisis de Representación en la Física Moderna
En este momento se encuentra viva una crisis de "representación" en la física moderna. Lo cual significa que, en la base de todos nuestros conocimientos sobre la realidad, se evidencia una incoherencia intensa y clara: la incompatibilidad entre un paradigma de propiedades absolutas y la naturaleza intrínseca relacional-causal que rige tanto la estructura cuántica de la realidad como el surgimiento fenomenológico de la consciencia. Hay que aceptar que el observador y lo observado son inseparables.
La verdad es muy extraño escribir sobre esto, empezando porque hablando de la "realidad", el problema se evidencia en su nombre. En la contradicción de que tenemos que renunciar a la palabra "realismo". Tan importante es, que la característica que expresa tiene el mismo nombre que el tema del que trata, aunque ahora sean cosas distintas. El ahora conocido como "realismo clásico" es uno de los tres conceptos sobre los cuales se ha mantenido clásicamente nuestra ciencia empírica de la realidad científica del universo, junto con el concepto de "localidad", y más recientemente, la teoría de la mecánica cuántica y sus fenómenos extraños.
Ya explicaré algo de esto. Pero antes voy a mencionar que durante casi 100 años se ha discutido sobre cómo mejorar o cambiar las ideas que tenemos, o sobre si es necesario agregar nuevas ideas que nos permitan pensar de forma coherente sobre estos asuntos. Pero aún no se han obtenido frutos grandes de esta aventura intelectual colectiva.
La Fractura del Mundo "Local"
Por un lado, es importante entender que la teoría de la relatividad de Einstein asume esta "localidad" como una característica natural del espacio-tiempo. Para simplificar y ser claros, una realidad es local porque afirma que un objeto sólo puede ser influido directamente por lo que ocurre en su entorno inmediato, y que cualquier influencia debe propagarse a través del espacio-tiempo a una velocidad finita (como máximo la velocidad de la luz). Y, por otro lado, es "realista" cuando las propiedades de los objetos existen antes de medirse o interactuar con ellos.
La razón profunda de la crisis proviene de los resultados asociados al teorema de Bell, formulado por John Bell en 1964. Este teorema mostró algo muy preciso: cierta combinación de supuestos aparentemente razonables sobre la realidad no puede ser verdadera si los resultados de la mecánica cuántica son correctos.
Los tres elementos en tensión son:
- La mecánica cuántica predice correlaciones no-locales muy fuertes entre sistemas entrelazados.
- La localidad afirma que ninguna influencia física puede propagarse instantáneamente a distancia.
- El realismo clásico afirma que los sistemas tienen propiedades bien definidas antes de ser medidas.
Bell demostró matemáticamente que si el mundo fuera "local" y "realista" en ese sentido clásico, entonces las correlaciones entre partículas deberían obedecer ciertas desigualdades (las desigualdades de Bell). Pero los experimentos —iniciados por los de Alain Aspect en los años 80 y confirmados con gran precisión en décadas recientes— muestran que la naturaleza viola esas desigualdades. Esto significa que no podemos mantener simultáneamente todas esas suposiciones. Si los resultados cuánticos son correctos, entonces el mundo no puede ser simultáneamente local, realista y cuántico en el sentido clásico.
La estructura profunda de la realidad no puede ser simultáneamente local y realista; las correlaciones cuánticas revelan una conexión entre sistemas que trasciende el espacio-tiempo que conocíamos. Ahora hay que repensar la "representación" de la realidad e incluir la perspectiva consciente dentro de la física.
El Universo Relacional y La Consciencia
Esta misma crisis de representación y el colapso de las propiedades absolutas se extienden al mayor misterio de nuestra propia existencia: la conciencia. Históricamente, hemos intentado comprender la mente a través del mismo lente del realismo clásico que la física cuántica ya desmanteló. Esperamos observar la arquitectura microscópica del cerebro —el disparo eléctrico de las neuronas— y encontrar allí, de manera objetiva y absoluta, la experiencia subjetiva y fenomenológica. Al no hallarla, surge lo que se conoce como la "brecha explicativa".
Sin embargo, como describe el profesor Nir Lahav, si extendemos los principios fundacionales de la física al estudio de la mente, descubrimos que la conciencia opera bajo una dinámica puramente relativista y relacional.
Así como no existe una velocidad absoluta en el universo, tampoco existe una experiencia fenomenológica única que pueda medirse desde un marco de referencia externo (la tercera persona que usa la física-matemática contemporánea). La conciencia no es un "fantasma en la máquina", sino una realidad física que se manifiesta exclusivamente dentro de un marco de referencia cognitivo, a su vez desde un sistema de referencia físico relativista y relacional.
La Simulación Interna y el Surgimiento de la "Valencia Afectiva"
Para interactuar con la abrumadora complejidad del entorno físico, el cerebro funciona como un sistema de sistemas que construye una simulación relacional-causal del mundo externo. Dentro de la clausura causal de esta simulación, los objetos representados no solo adquieren propiedades geométricas y físicas, de forma o de masa; el sistema introduce una nueva variable física fundamental para su propia supervivencia: la valencia afectiva.
A través de esta valencia, el sistema evalúa si un estímulo es perjudicial o beneficioso frente a su propia continuidad. Es en la asignación de este valor donde emerge "lo que se siente" existir.
Esta cualidad de la experiencia —el dolor, rechazo o reacción instintiva ante el fuego o la atracción hacia el alimento— es una propiedad física real y medible, pero que opera y ejerce poder causal exclusivamente desde adentro de la simulación del individuo. Es una realidad implícita que desafía nuestra intuición materialista tradicional: nos demuestra que para comprender la totalidad del sistema que habitamos, debemos aceptar que existen realidades fundamentales invisibles desde el exterior, pero que sostienen y dirigen toda nuestra arquitectura interpretativa y nuestra acción en el mundo.