Poemas - por Esteban Ramos
Un Poema
me pregunto si es imaginación perdida
o señal de algarabía.
¿Hasta dónde ahondar el intempestuoso escrúpulo,
el tormentoso flujo de mi piel hasta tu rostro?
De tu carne reclamo un bocado
—no me importa si un pedazo crudo, tibio, o chamuscado—,
pero nunca un banquete de delirio sagrado.
Una Sombra
Eres sombra, mujer serena,
del único árbol de frescura;
trémula y frágil en su locura,
cuyo fruto sana la pena.
Eres paz que me enajena,
y distante del engaño,
aunque eres agua de mi caño,
no soy dueño de tu ternura,
más en la fuente de la pena pura
te veo rampante cada año.
Una Piedra
No es tu carne lo que busco cuando cruzo la frontera de la gloria,
sino la sombra que me nombra, ¡y renombra!
en el silencio y se acomoda en esta historia.
Hay un eco de pasos que no son míos
sobre las baldosas de gres,
una presencia quieta, casi secreta,
como la memoria que no ves
y la fractura comienza, tiembla y seca la piedra
Una Canción
No es una damisela en apuros, ni la reina del escondite,
cuenta almas sin que el pulso le palpite.
Ojos de coca que derriten el oro frío,
si el mundo se va al infierno, que me encuentren en su extravío.
Trajo margaritas con hojas envueltas en papel amarillo,
y una enredarera negra envuelta en el tobillo.
Qué locura: el músico domado por su figura,
escribiendo notas de amor con mala letra y finura.
Olvida a Medellín, guapa, con ese chasis viejo,
solo recuerda borrar las letras en tu cuerpo...
cuando le hables de mí a tu reflejo.
Un Motivo
¿Cuál es la mínima idea musical?
De la cual, tal piedra fundacional, aprendemos
Nos consuela en nuestros sueños,
Al estilo del átomo fundamental.
El motivo, con actitud casual
Entraña melodía, ritmo y armonía
y una identidad escondida
Como cantor de blues
Fumando en la escotilla